La era de los príncipes

La era de los príncipes

Un príncipe es un miembro de una aristocracia gobernante o nobleza. Normalmente es un título asociado a la realeza, siendo usado por hijos del rey. Típicamente, en la mayoría de las dinastías europeas, recibe el título de príncipe el hijo varón y heredero de un monarca (ver Príncipe de Asturias y Príncipe de Gales), aunque a veces se usa de forma más amplia en el sentido del infante castellano. También es el título de algunos soberanos, cuyos países no son considerados reinos (tal es el caso de Mónaco, el Príncipe Alberto II, como ejemplo). En algunos países es también uno de los más altos títulos de nobleza (normalmente reservado para familias con sangre real). El título príncipe también se usa para referirse al esposo de una reina. Es uno de los títulos más estereotipados, siendo normalmente asociado a la belleza y virtud y formando parte de numerosos cuentos y leyendas. El título se convirtió en hereditario tras Augusto, en la etapa conocida como Principado, previa a la instauración oficial del imperio. En los tiempos de la monarquía visigoda, en los que el monarca se designaba por elección, los príncipes eran los gobernantes locales con derecho a elegir y a ser elegidos rey. El título de príncipe es usado por algunos nobles que son cabeza de estados independientes, pero no considerados reinos. Actualmente Liechenstein y Mónaco son los únicos que quedan (aunque Andorra es un principado, no tiene príncipe sino dos copríncipes). Como rango nobiliario, se considera superior a Duque, pero inferior a Gran Duque. El término príncipe también se ha usado como sinónimo de cabeza del Estado, de la misma forma que César es una forma de designar al poder político. Debe destacarse la obra El Príncipe, en la que el estadista Maquiavelo describe cómo debería ser el soberano de un país. La tradición política medieval catalana fue heredera de la noción de "Princeps" (Príncipe) que, en tiempos de la transición de la república romana clásica hacia la época del Principado, se utilizó en contraposición con la noción de "Rex" (Rey), reflejando un debate político de gran calado (muy intenso en transición entre la República romana y el Principad) donde el "Prínceps" «el primer ciudadano» era la cabeza del Imperio, por tener adjudicado los principales puestos y funciones heredados de la República, la soberanía en términos teóricos pero no prácticos residía en los órganos representativos de los considerados ciudadanos (Senado, en Roma) y, contrariamente, el "Rex", que, en los sistemas monárquicos de gobierno (como la época de los reyes en roma y los reinos en la época medieval) poseía la soberanía a título personal. Los partidarios de la República aceptaban a un "Princeps" (sujeto al senado) pero no a un Rey (con el poder absoluto). En la Roma clásica, el Imperio sucedió a la República y Cesar Augusto, elegido como "Princeps", mantuvo la constitución republicana hasta el año 23 A.C. en que el poder tribunicio y el "Imperium" (mando) fueron revestidos con el poder unipersonal absoluto, propio de los reyes. Los príncipes, al igual que las princesas, son habituales protagonistas en cuentos de hadas tradicionales. Algunos ejemplos de esto son Blanca Nieves, La bella durmiente, La Cenicienta, Ruidoquedito (en el que el príncipe es un villano), Rapunzel o el típico personaje del príncipe azul. Estereotípicamente, los príncipes son bellos, caballerosos, valerosos, y montan un caballo blanco. Dentro de la jerarquía de la Iglesia Católica, se usa la forma "Príncipes de la Iglesia" para referirse a los Cardenales.